Eva Andrés Vicente
Licenciada en Filología Clásica
El 9 de junio de 1934 el mundo conoció por primera vez a uno de los personajes más icónicos, cascarrabias y entrañables de la cultura pop: el Pato Donald (Donald Duck).
Ese día se estrenó en las pantallas estadounidenses el cortometraje de animación The Wise Little Hen (La gallinita sabia), donde un pato con traje de marinero y una peculiar e ininteligible voz hacía su debut oficial, cambiando la historia de los estudios Disney para siempre.

A diferencia del optimista y perfecto Mickey Mouse, Donald conquistó al público precisamente por sus defectos, su mala suerte crónica, su falta de paciencia y sus explosivas rabietas.
La evolución de un icono imperfecto
Ideado por Walt Disney para introducir un personaje con un registro cómico diferente y más irreverente, Donald no tardó en eclipsar a otros miembros de la factoría. Su voz, un desafío técnico de modulación creado por el actor Clarence Nash (quien lo interpretó durante 50 años), se convirtió en su sello de identidad universal.
A lo largo de las décadas de 1930 y 1940, la popularidad de Donald creció tanto que protagonizó sus propios cortometrajes y sirvió como herramienta de propaganda aliada durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a ganar un premio Óscar en 1943 por el corto Der Fuehrer's Face.
Su universo se expandió con la llegada de su eterna novia Daisy, sus traviesos sobrinos Huey, Dewey y Louie (Juanito, Jaimito y Jorgito) y su multimillonario tío Scrooge McDuck (Rico McPato o Tío Gilito).
Un legado que traspasa la pantalla
El Pato Donald es un fenómeno cultural global. Cuenta con su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y ha sido el protagonista de miles de tiras cómicas impresas que, en Europa (especialmente en los países escandinavos), disfrutan de un éxito editorial masivo que se mantiene vigente generación tras generación.
Celebrar su nacimiento cada 9 de junio es rendir homenaje a la época dorada de la animación tradicional y a un personaje que nos enseñó que está bien no ser perfectos y que, a veces, la única respuesta ante un mal día es pegar un buen graznido.
Licenciada en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid (2007). Profesora de clases particulares de latín, griego y lengua española entre 2006 y 2009. Creadora de contenidos online desde mayo de 2021.