El aniversario de la Fundación de México-Tenochtitlan recuerda el momento en que los mexicas establecieron su ciudad en el lago de Texcoco, un acontecimiento que marcaría el inicio de una de las civilizaciones más importantes de Mesoamérica.
Según la tradición histórica, la fundación ocurrió en 1325, cuando los mexicas encontraron la señal anunciada por su dios: un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente. Este símbolo, asociado al dios Huitzilopochtli, indicaba el lugar donde debían establecer su ciudad.
Hoy, esa imagen forma parte del escudo nacional de México, y se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la identidad del país.
Cómo era la ciudad de Tenochtitlan

Durante su periodo de mayor esplendor, Tenochtitlan llegó a convertirse en el centro político, económico y religioso del Imperio mexica.
La ciudad estaba organizada con una compleja red de canales, calzadas y puentes que conectaban la isla con la tierra firme. También destacaban sus templos, palacios y mercados, entre ellos el famoso Templo Mayor, uno de los centros ceremoniales más importantes de la civilización mexica.
Muchos cronistas de la época quedaron sorprendidos por el tamaño y la organización de la ciudad, que llegó a tener cientos de miles de habitantes.
De Tenochtitlan a Ciudad de México
En 1521, tras la conquista liderada por Hernán Cortés, la ciudad de Tenochtitlan fue destruida y posteriormente reconstruida por los españoles.
Sobre sus ruinas se levantó lo que hoy conocemos como Ciudad de México, una de las metrópolis más grandes del mundo.
A pesar de los cambios históricos, muchos elementos culturales, arquitectónicos y simbólicos de la antigua ciudad mexica siguen presentes en la capital mexicana.
El Aniversario de la Fundación de México-Tenochtitlan permite recordar los orígenes de una ciudad que fue el corazón del Imperio mexica y que hoy continúa siendo el centro político y cultural de México.
La historia de su fundación, marcada por la imagen del águila y el nopal, sigue siendo uno de los relatos más emblemáticos de la identidad mexicana y un símbolo que conecta el pasado prehispánico con el presente del país.